Texturas caseras, ¿por qué son importantes?

Con el paso del tiempo, las necesidades y el apetito de nuestro bebé van aumentando, dando lugar al fin de la época de lactancia exclusiva e iniciando la alimentación complementaria. En esta nueva etapa que comienza alrededor de los 6 meses, es de vital importancia dar a nuestro pequeño texturas caseras ya que es en ese momento cuando el bebé empieza a alimentarse con productos blandos o triturados.

Sin embargo, los padres creen que, al venir de una alimentación totalmente líquida, debería hacerse una transición gradual a la sólida. Ese pensamiento es positivo, pero muchos de esos padres y madres cometen el error de pasar los alimentos en exceso durante demasiado tiempo, dando a los hijos alimentos completamente líquidos y sin textura, u optando por alimentos ya hechos excesivamente procesados.

El paso a la alimentación complementaria

Es muy importante que nuestro bebé vaya introduciéndose en el mundo de los sabores y texturas de gran variedad de alimentos. Sin embargo, no es un proceso que se lleve a cabo de la noche a la mañana. Hay que dejar que el niño vaya familiarizándose con los diferentes tipos de comida para que sea capaz de reconocer sus sabores. 

Es recomendable ir alternando diferentes sabores de purés de cara a los próximos meses de desarrollo y la tolerancia que tendrá el niño a nuevos sabores y alimentos en futuro a lo largo de su infancia. Ante todo, hay que tener paciencia para que el bebé vaya acostumbrándose a las diferentes texturas, ya que la reacción natural a nuevos sabores y sensaciones suele incluir alguna que otra mueca o gesto de desagrado. Nuestros hijos no tienen un punto intermedio al principio por lo que algo les gusta o no. Es por eso que no hay que desistir ante un rechazo inicial de un alimento desconocido, algo de lo más normal para el bebé ante un sabor u olor extraños.

La OMS establece que a partir de los 6 meses el niño es capaz de comer purés y semisólidos, a los 8 puede tomar alimentos blandos que pueda coger con las manos, y al año de vida podría consumir el resto de alimentos que se consumen en la casa. 

Sin embargo, no todos los niños son iguales, y debemos considerar lo que nuestro bebé es capaz o no de consumir y supervisarlo durante las primeras etapas del cambio de alimentación.

Texturas caseras, ¿por qué son importantes?

Una de las principales razones por las que es beneficioso mantener una textura casera en los alimentos y evitar purés con una textura excesivamente homogéneas es que nuestro bebé empieza en esta etapa a aprender a masticar y tragar comida menos líquida, en lugar de succionar la leche materna o de fórmula. 

Con las texturas caseras, más espesas que los alimentos demasiado licuados, sirven a nuestros hijos como “entrenamiento” para el mundo de los alimentos sólidos. De esta manera, el niño se acostumbra a este tipo de alimentos, disminuyendo así riesgos de posibles atragantamientos y aprende a diferenciar las texturas a través de purés consistentes.

Además de todo esto, este tipo de texturas menos procesadas dan más trabajo al organismo, salivando y comenzando la digestión desde el momento de la ingesta, y previniendo así problemas digestivos en el futuro. 

Lo mejor para nuestros hijos es la ingesta de alimentos de calidad y libres de químicos, que le permitan notar las texturas y los sabores reales de los alimentos, algo que les ayudará en su desarrollo y su relación con la comida en los años siguientes. 

En Yammy, nos encargamos de eliminar restos de cereales o semillas que dificulten la deglución, manteniendo las texturas adecuadas para cada sabor y la edad del niño. Nuestros tarritos ecológicos proporcionan a tu bebé las proteínas, vitaminas y minerales que necesita en cada comida ¿A qué esperas para probarlos?