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Introducción alimentos bebé (I): las texturas

Cuando hablamos sobre la introducción de los primeros alimentos en el bebé, en los últimos años existen diversas opiniones menos rígidas de las tradicionales. Después de la lactancia, los pediatras y especialistas en nutrición dan manga ancha respecto a cuáles son los primeros alimentos que deberíamos suministrar a nuestros pequeños. No es obligatorio empezar con cereales o fruta, por ejemplo, sino que podríamos comenzar con la carne. O podemos ofrecerle varios alimentos distintos al mismo tiempo para ver cómo reacciona, en lugar de ir uno por uno. Asimismo, la primera papilla se puede dar por la noche en lugar de al mediodía. Y así sucesivamente.

Lo ideal es iniciar la introducción alimentos bebé alrededor de los cuatro meses. Hasta ese momento, la leche materna es más que suficiente para garantizar un óptimo desarrollo del pequeño. De hecho, la OMS recomienda que la madre siga con la lactancia hasta los dos años, si bien se puede ir combinando junto con otros alimentos. Asimismo, también recomienda no esperar más de seis meses para ofrecer alimentos externos al bebé, de modo que este vaya desarrollando sus sentidos y su aparato digestivo.

Introducción alimentos bebé: la importancia de la textura

A veces pensamos que mientras más pequeño sea nuestro bebé, más líquidos y homogéneos deben de ser los purés, pero estamos equivocados. Las masticaciones numerosas son muy importantes para el desarrollo del bebé conforme crece. No solo porque ayudan a triturar los alimentos para poder ingerirlos y digerirlos mejor, sino porque además estimulan el desarrollo de la mandíbula y fortalecen las encías y los músculos de la cara.

Los alimentos que demos al bebé deben tener cierta textura (lo que no significa que contengan trozos grandes). De esta manera su boca salivará y su cuerpo comenzará a experimentar la digestión, la salivación, la deglución… Así evitamos posibles atragantamientos y le ayudamos a que aprendan a reconocer diferentes ingredientes.

Nuestros tarritos ecológicos de superalimentos, están muy bien mezclados. Nos encargamos de eliminar semillas o restos de cereales que puedan dificultar la deglución del pequeño, pero las texturas de los tarritos son adecuadas para cada edad y cada sabor. Tanto los de verduras y frutas como los de carne y pescado, son gruesos, con la espesura de los alimentos naturales bien triturados para que el bebé pueda saborearlos. Un tarrito es un menú consistente, con los nutrientes necesarios para aportar proteínas, vitaminas y minerales al pequeño. Todas nuestras variedades son ideales para suplir cada comida del bebé con un solo tarrito ecológico, pero también para intercambiar los tiempos de toma e ir experimentando con la digestión de nuestro bebé.

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