Un niño que se ensucia con barro es más feliz

Jugar con barro hace al niño más feliz. Es un hecho constatado por científicos y educadores. Pero la realidad es que pocos pueden hacerlo. Algunos porque no les dejan y otros porque no quieren. De hecho, la mitad de los niños españoles de entre 5 y 12 años pasan menos tiempo al aire libre que los presos de una cárcel de máxima seguridad. En concreto, una hora al día. Este alarmante dato lo arroja un estudio realizado por una conocida marca de detergentes cuyo nombre no revelaremos. En el 83% de los casos son los propios niños los que se niegan a salir a jugar a la calle si no es con una tablet.

No es cuestión de autoflagelarse, pero es obvio que, muchas veces, los padres somos responsables de esta aversión de los niños a la luz del sol. ¡O sino que levante la mano quien no ha deseado alguna vez que lloviera a cántaros para tener la excusa perfecta de no tener que llevar a su hijo al parque!

Que llueva, que llueva…

A ver. No pasa nada. Todos necesitamos oír alguna vez que nuestro peque está más a gusto en casa viendo ‘La Patrulla Canina’ que poniéndose de barro hasta las trancas. Sí. Todos somos humanos, así que no os sintáis mal si alguna vez habéis implorado a la mujer del tiempo para que cambiara los huevos fritos por nubarrones con lluvia. Pero en el fondo os sentís mal por privar a vuestro niño de algo con lo que vosotros disfrutasteis en vuestra infancia. Y que sabéis además que es saludable.

Salir a la calle. Ir al parque a jugar con la tierra. Y es que los niños necesitan ensuciarse, embarrarse, jugar con el agua… ¡descubrirla es uno de los hitos más importantes de sus vidas! Caerse, experimentar, en definitiva.

Microorganismos de felicidad

Saltar y revolcarse en los charcos de barro como hace Peppa Pig es algo muy beneficioso para la salud. La razón es que la tierra posee unos microorganismos relacionados con la felicidad. Sí. El niño que juega con barro crece más sano y es más feliz. Y más creativo. Ya sea él solito en su momento egocéntrico de la etapa 0-1. O a partir de los 2 años, cuando desarrolla un increíble juego simbólico al jugar con otros niños a ser un gran cocinero que elabora pasteles o pizzas de barro. Además, jugar con barro aporta otros beneficios, ya que permite explorar y conocer diferentes materiales y texturas de la naturaleza. Y es que el peque que está en contacto con la tierra se sirve de piedras, palos, hojas, piñas, que añade a sus creatividades…Y si bajo la tierra aparece alguna lombriz o bicho bola, ¿qué hay más bello que el niño juegue a conocer estos pequeños insectos?

El síndrome de la toallita

Esos padres o abuelos que están detrás de los niños en el parque con la toallita en mano: cuidado, no te manches, no juegues con el agua, deja el barro, ese palo está sucio, no, no, no… Que te he puesto el vestido limpio, que te vas a poner perdido, deja eso que está sucio… Pero, ¿dónde está el problema en que el niño se ensucie? ¿Por qué el no mancharse es una ley impuesta por algunos adultos? Normal que el niño prefiera quedarse en casa. Y luego esos mismos padres o abuelos son los que van con ‘el niño tablet’ paseando en el carrito. Ya no molesta. Y tampoco se ensucia. Garantizado. Y disfruta del paisaje… del paisaje marino de ‘Bob esponja’ queremos decir.

«El mundo real es sucio»

El niño aprende jugando como especie lúdica que es. Y ensuciarse con barro tiene sus beneficios. Lo dicen la mayoría de los expertos educadores y pediatras. John Richer, doctor en Psicología y Pediatría de la Universidad de Oxford, ha llegado a afirmar que «el mundo real es sucio» y los niños «no aprenden a adaptarse a él sin ensuciarse». Un estudio de la Universidad de Columbia va más allá al afirmar que si dejamos que los niños se ensucien durante su primer año de vida podrán prevenir enfermedades como el asma, la obesidad y la diabetes de tipo 2. Por eso, una mancha en un insignificante trozo de tela de ropa, en vez de representar un problema para los padres, debería pensarse como algo bello que ha sido resultado de la exploración, el juego, la diversión, la alegría y el descubrimiento del niño.

Ensuciarse, en definitiva, es bueno para la salud del niño e imprescindible para su crecimiento y desarrollo. Ahora depende de vosotros dejar de obsesionaros por el exceso de limpieza… ¡aunque sea porque de algo tienen que vivir las empresas de detergentes!

En Yammy somos muy conscientes de todos los beneficios que aporta la madre tierra a los bebés y niños. De ella salen los alimentos que usamos para la elaboración de nuestros tarritos ecológicos, 100% artesanos y naturales. Por eso, cuidemos y amemos la tierra… porque, de momento, que sepamos, no hay alternativa de planeta al que huir.

Texto: Arancha Cuéllar, periodista y educadora infantil

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